España, uno de los principales consumidores de biocarburantes de Europa
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El consumo de biocombustibles –obtenidos de la biomasa o sus residuos– se ha disparado en España desde 2007, a un ritmo superior que la media europea.

Se denomina "biocombustible" a cualquier tipo de combustible obtenido de la biomasa o de sus residuos. En España son básicamente el bioetanol, que sustituye a la gasolina, y el biodiésel, que hace lo mismo con el diésel procedente del refinado de petróleo. Los biocombustibles tienen ventajas evidentes: se fija más CO2 y se emite menos monóxido de carbono, facilidad de almacenaje y manipulación, facilitan el aprovechamiento de residuos urbanos y pueden ayudar a reducir la dependencia energética, entre otras. Sin embargo, también tienen sus inconvenientes dado que necesitan mayor energía para producirlos que los combustibles fósiles, pueden contribuir a la deforestación y pueden contribuir a alterar los equilibrios sociales en territorios pobres al priorizar los cultivos hacia la producción de combustibles en lugar de alimentos. En España, además, tampoco han contribuido a la reducción de la dependencia energética, dado que la mayor parte de los biocombustibles provienen de importaciones de países como Estados Unidos, Argentina o Indonesia.

Sin embargo, como mostramos en el gráfico, el consumo de biocombustibles se ha disparado desde 2007: mientras que los combustibles fósiles tradicionales –gasolina y gasoil– han sufrido un descenso notable respecto a la media 2007-2012, los biocombustibles han aumentado un 73% su consumo, principalmente gracias a un precio relativamente más bajo respecto a la gasolina y el gasóleo.

A pesar del espectacular incremento de su uso, este tipo de combustibles continúan siendo una parte menor, prácticamente residual, en el consumo de energía final del transporte en carretera. De esta manera, se ha pasado de consumir una media de 168 kilotoneladas equivalentes de petróleo en el período 2001-2006 a las 1.227 de los años 2007-2012. En consecuencia, si en el primer período los biocombustibles no llegaban a significar el 1% del consumo de energía final del transporte en carretera, en los años 2007-2012 han pasado a significar el 4%.

Si comparamos la evolución del consumo de este tipo de combustibles con lo que ha sucedido en Europa, observamos que, a partir del año 2008, la tendencia al crecimiento ha sido mucho más intensa en España que en Europa. Si en 2007 apenas se llegaba a las 400 mil toneladas equivalentes de petróleo en España, en el año 2012 ya se habían superado los 2 millones. Mientras España multiplicaba casi por 30 su consumo, el conjunto de los 28 países de la Unión Europea lo hacía por 17, una tasa notable pero claramente más moderada que la española.

Estos registros han provocado que, tanto en términos absolutos como en términos relativos, España se haya convertido en uno de los principales consumidores europeos de biocombustibles. Si lo contabilizamos en kilotoneladas equivalentes de petróleo, ocupa la tercera posición, después de Alemania y de Francia. Si lo ponemos en relación a la energía finalmente consumida por todo el sector del transporte, España ocupa la segunda posición, después de Suecia.